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domingo, 10 de mayo de 2026

Rastros nocturnos

Nuestros senderos parecen transitar
planetas diferentes,
tu deambular se siente 
cómo la visita familiar 
a un vecindario que nunca cambia;
ya no coincidimos 
en placeres mundanos,
ni despertamos la mirada
ante las mismas luces.

Parecemos dos extraños,
extranjeros sin retorno,
equipajes sin viajeros;
y aún así 
cuando tu alma me sonríe 
entre coordenadas astrales,
todo espejismo caduca
y el idioma del Amor
susurra verdades sin tiempo 
en un corazón siempre dispuesto 
a despertar en la Luz de tus ojos.
🌷 Soledad Lorena ©
🪷 Susannah Lorenzo ©
Madrugada invernal 
10 de mayo de 2026

Art: Tarn Ellis 

domingo, 11 de octubre de 2020

La Bruja de los Besos

 Me sano

Te sanas


El agua cristalina y tibia los envolvía sugerente, jugaban como niños, apoyaban los pies en uno de los bordes de la pileta, flexionaban las piernas y se impulsaban hacia atrás para medir quién llegaba más lejos. Reían con complicidad y ternura, se rozaban sin malicia y se hablaban sin palabras. Otras personas en la pileta los miraban curiosos. Se acomodaron en uno de los bordes de la piscina para devolver las miradas y desafiar los testigos;  él cruzó su pierna sobre la de ella, sin despegar un centímetro su cuerpo, ella lo miró intrigada y él simplemente sonrió para desarmar todas sus defensas.

Se despertó turbada por las emociones del sueño y el calor de la siesta que la había sorprendido bajo una manta. El sueño había sido tan real que el cuerpo guardaba la memoria de los momentos compartidos.  Miró su celular y entre las notificaciones de las redes sociales, había una de ese hombre más joven al que nunca había mirado como un sujeto deseable. Sincronicidades inexplicables…



Entonces recordó otros sueños, otros hombres, otras sensaciones, conexiones en el cosmos sin fronteras, puentes dibujados en algún lugar del infinito.  

La primera vez que sucedió, ella creyó que ese hombre tímido siempre atento y respetuoso, escondía sentimientos que no se animaba a expresar. Cada vez que ella soñaba con él y se encontraban en algún puente energético, se producía alguna clase de contacto, un mensaje, un llamado, una visita inesperada.  Más temprano que tarde, se dio cuenta que él solo buscaba el refugio de su paz, la energía sanadora de su espacio, la confidencia en sus momentos de angustia y a veces, se convertía en apenas un mensajero que el universo necesitaba para que ella resolviera asuntos terrestres.

Por eso, comenzó a ignorar, enojarse, frustrarse o sentirse culpable cada vez que en sus sueños, su piel se rozaba con el nombre de un rostro conocido y se despertaba con besos que palpitaban en su pecho.



El sueño de la pileta aún agitaba sus aguas y su río estaba despierto en remolinos de vientos sagrados.  ¿En qué se parecían todos los hombres con los que había soñado durante su celibato voluntario? Los conocía o los había conocido en persona, estaban solos o mal acompañados, eran mal amados, se amaban poco y no sabían o no estaban dispuestos a  amar intensamente; todos eran queribles pero no deseables, eran más jóvenes y desafiaban todos sus prejuicios.

Encendió un sahumerio, buscó sus aceites, dejó que su piel se volviera transparente bajo el sol de la tarde. Se dijo todas las cosas bonitas que había aprendido a decirse, jugó con sus pliegues y sus curvas, navegó humedades y se convirtió en un río dulce de almendras  y jazmines. Cuando la miel de sus labios cuajó en el punto justo, exhaló su magia para alcanzar al hombre de la pileta, descubrió su espalda, le besó la mirada, abrazó sus miedos y le susurró al oído: ‘me sano, te sanas'.  Él le devolvió la sonrisa y se enredó en las ondulaciones del río que bailaba suavizando corazones. Ella sintió algo en su boca, la herida que llevaba una semana sin cicatrizar en sus labios, pulsó al ritmo de su placer y floreció en un suspiro sin nombre; acaba de convertirse en La Bruja de los Besos.

El guardián de su mente (sí, ella tiene guardianes masculinos y crueles en su mente) la increpó: ‘¿Acaso no ibas a mantenerte virgen y casta para el buen amor sin invocar jamás el nombre de alguien sin su permiso?’

Ella se sacudió el espejismo sobre su hombro y sin dudarlo respondió: ‘Estoy aprendiendo a amar sin esperar nada, a aceptar y honrar hombres con defectos: espaldas imperfectas, pectorales sin turgencia, abdómenes excedidos, cabelleras desparejas, miedos encarcelados, heridas desatendidas, zapatos inadecuados, ropas desaliñadas. Ya no pretendo salvarlos, curarlos o amarlos; no espero que me amen, me miren o me busquen;  solo dejo que el río fluya y su cauce encuentre las rutas dibujadas en los sueños.’




Sucedía siempre en domingo, a veces de madrugada, a veces en la siesta, no los elegía, simplemente invadían su sueño espeso y profundo.  Cada encuentro era diferente y nunca sabía lo que cada quien traería consigo.  A algunos los besaba en los ojos, otros en la frente, algunos en sus labios sugerentes, a veces los besaba en la espalda, otras veces les besaba las manos; pero inevitablemente les besaba el corazón. Sus almas estaban ahí aún palpables de cada sueño y participaban sin recelos ni armaduras, dejándose besar y muchas veces, besándola donde ella ya no guardaba memorias.

Ellos comenzaban su lunes con un aire distinto, se despertaban besados y con ganas renovadas de amar y descubrir.  Intentaban recordar sus experiencias oníricas, pero no había nombres ni rostros, solo ese sabor a almendras y ese aroma a jazmines que los cubría por dentro y por fuera.  Se miraban al espejo y sonreían.  Se palpaban el pecho descubriendo una sensación que jamás los había habitado.

Ella no necesitaba averiguar, ni escribir ni llamar.  Siempre había algún mensaje, que nunca demoraba más de una semana, un comentario casual, una voz encendida, una sonrisa diferente en esas fotos distantes, la confirmación de que sus besos se habían posado y un batir de alas les había dibujado nuevos cielos.



Comenzó a preocuparse, a pensar que quizá el buen amor no llegaría, si ella estaba ocupada respondiendo al llamado de almas en sus sueños. Convocó a los guardianes de su mente, porque su corazón se sentía pleno con esos instantes sin cuerpo ni espacio. Entonces, el guardián más viejo se sentó aburrido de no tener trabajo y le respondió claramente: ‘Cuando ya no busques, ni esperes, ni juzgues, ni anheles, ni ansíes, ni siquiera en el rincón más pequeño de tu ego; el buen amor se anunciará en tus sueños y recitará en tus labios las palabras sagradas y al despertar, una voz hará eco en tu piel para decirte: “Es tiempo, ya estoy aquí.”Tu  Alma lo reconocerá por el roce de sus silencios en tu cuenco vacío.’

Soledad Lorena©

Tejedora de Palabras

Susannah Lorenzo

Tejedora de Puentes

Derechos Reservados

Domingo 11 de octubre de 2020


viernes, 17 de enero de 2020

Espirales

Burbujas en tu piel,
cosquillas iridiscentes
en oleadas de besos
con espiral te envuelven
desde un latido inevitable.

Calma como siempre,
en el estribo del puente
tu alma recibe el desatino,
hasta que una chispa enciende
y tu mirada bebe el zumo
de la fuente escondida.

Tu voz danza en mi oído
mientras tu contorno
desnuda los mapas
que mi corazón aprende.

Soledad Lorena
Tejedora de Palabras
© Derechos reservados

Susannah Lorenzo
Tejedora de Puentes


miércoles, 6 de marzo de 2019

Casi despierta


Ya no te sueño
tampoco te espero,
mas basta una marea
musitando tu nombre
a los pies de mi hoguera,
para que tu voz
me recorra en sinuosos
laberintos luminosos.

Te miro sin prisa
divagando en la neblina
preso de tus miedos.

Podría besar tu corazón
recordar talismanes
y descubrir aquello
de lo que siempre huimos.

No te toco
No te rozo
No te beso
No te alcanzo
Ni siquiera acuno mis alas
para devolverte el aliento.

Me acomodo en el latido
hasta que tu voz ya no suena,
me acobardo en las certezas
y  te dejo con tus grises,
confundida en la geografía
que mis barcos aún anhelan.

Soledad Lorena ©
Susana Lorenzo
Casi despierta
05 de marzo de 2019


miércoles, 9 de enero de 2019

Brevísimo

Yo era apenas una testigo, una huésped del momento, una mensajera del universo.

En medio del caos y la bruma, él me miró el alma en los ojos, puso sus manos en mis hombros y con un beso en la mejilla, se compadeció de mi suerte.

Tenía la mirada dulce, la voz calma y la sabiduría de reconocer a quien apenas puede sostenerse en pie.

Hubiera dejado que ese caballero de cabellos grises me cuidara el sueño.  Alguien había mencionado su nombre pero desde la frontera entre lo mundos, yo apenas si escuchaba.  Quise pedirle que se quedara, quise alcanzarlo en el umbral, pero no era el tiempo para historias de amor.

Cuando el viento sopla y se lleva la bruma, su rostro aparece tan claro, que puedo sentir su sonrisa como un bálsamo y recordar el cuenco de sus manos albergando mis brazos.

Estábamos de paso en ese breve instante y sin embargo, hay una llovizna que se asoma cuando recuerdo su presencia.

Soledad Lorena
Susana Lorenzo
Derechos Reservados
09.01.2019
02.:45 am

miércoles, 20 de mayo de 2015

Parpadeó dos besos

Se guardó los versos
se cosió el vestido
arropó  el suspiro
y parpadeó dos besos.

En una geografía
jamás colonizada,
el tedio hizo muecas
y aquel nombre olvidado
lo descubrió desnudo.

Soledad Lorena ©
Mayo 2015
Pétalos del Corazón




jueves, 21 de marzo de 2013

Desconocido


Me gustaría escribir un poema
con palabras estrenadas
que no hayan rozado nunca
la cornisa de un verso.

El aire se estrelló esta mañana
contra mis sentidos dormidos,
una nostalgia inventada
de un perfume desconocido.

Apenas si tu esencia
arremolina el latido
y presagia un suspiro 
de nombres sin pronunciar.

Soledad Lorena
21 de marzo de 2013


Tenía la sensación vagando en mí desde esta mañana, un recuerdo de alguien que aún no conozco y que invadió el aire mientras andaba en bicicleta. Luego pensé en el Día Internacional de la Poesía e imaginé qué bueno sería poder escribir un poema con palabras que jamás hayamos usado. Así nació este poema.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Dicen los por ahí, que el amor no existe, que las expectativas, ilusiones y sueños que muchas mujeres tenemos, es porque leímos demasiados cuentos de hadas, príncipes y princesas; o que leemos mucho o que vemos películas románticas.  Concluyen que esperamos algo que sólo existe en la ficción, decretan que debemos conformarnos con un “proveedor”, un acompañante o amante de turno que apenas si conozca la existencia de nuestro corazón.

Sin embargo, escucho por las noches, programas de radio, dónde la gente se dice cosas lindas, donde se piden perdón, dónde cuentan historias de amor con nombre y apellido, dónde se dedican canciones sin miedo a ser vistos como cursi.

Inevitablemente descreo de tanto vaticinio racional y me aventuro a pensar que equivoqué las coordenadas.  Porque en las noches de sueños tranquilos, puedo aún ver y sentir que alguien me encuentra y me mira sin miedos, y me ama sin sombras.

Será… que si tejo con hilos de colores un globo gigante,  que los vientos alisios de mi corazón eleven; que si tejo con lanas suaves y mullidas una alfombra mágica; encontraré por fin mi rumbo, y en ese cielo mi nombre será tu sol naciente.

Soledad Lorena
16 de mayo de 2012

miércoles, 9 de mayo de 2012

Desertores

Desertar: abandonar el soldado sus banderas; abandonar una causa.


Desertores de la vida, el amor y la pasión, cansados de vagar entre malones, jaurías y cardones, regresan cabizbajos jugando al distraído. 

Sin embargo, el mangrullo es un fantasma de recuerdos sin nombres y el fortín apenas dibuja una ruina de muros que migraron lejos del desierto y el olvido.

Mi nombre habita en aquel planeta donde la rosa aprende de principitos y poesía, donde la magia no se condena, donde el amor exultante no espanta y la mujer salvaje desnuda sus pétalos sin miedo.

No me busques entre sepulcros, no me llames desde las sombras, no me escribas desde tu incertidumbre, no me midas desde tus cercos.

Encuéntrame en la luna que reina aún en la mañana, alcánzame en la lluvia de estrellas que ves cuando cierras los ojos, sedúceme desde tu coraje sin mella, invéntame con nuevos colores, disfrútame cuando desnudes tu corazón.


Soledad Lorena
Vigía desde el universo
9 de mayo de 2012