Tuve que pararme a tu lado
para descubrir distancias,
tuve que golpear tu puerta
para entender que no era bienvenida.
Fui el arco, el puente y la baya
que inevitablemente se despoja,
un espejismo de regazo
una ilusión de cunas y abrazos,
un manto doliente
de caminos desencontrados.
Con amar no alcanza,
una se deshoja en esperas
y se cansa de encender faros
en mares que nadie añora.
La mujer madre se ha ido
con una bandada de gaviotas
agitadas en el silencio
de nombres que dibujan
vidas llenas de eufemismos.
Tengo la piel tatuada
con esencias que ya no florecen,
la memoria repleta de sonrisas
qué ya nadie recuerda.
Es hora de hacer cenizas
con sueños de fechas caducas,
es tiempo de soltar amarras
en barcas que ya no navegan.
En el océano de la vida
todos los ríos olvidan su fuente,
la lluvia se confunde
entre el suspiro y la lágrima.
Entonces, cuando el viento
deposite alhelíes en la faz del mar,
los pétalos y las gotas
quizá se miren
se besen al descuido
y en regocijo dancen
sobre la paz del tiempo.
Soledad Lorena
Tejedora de Palabras
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07 de octubre de 2019
Amor de Madre
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lunes, 7 de octubre de 2019
jueves, 21 de marzo de 2013
Desconocido
Me gustaría escribir un poema
con palabras estrenadas
que no hayan rozado nunca
la cornisa de un verso.
El aire se estrelló esta mañana
contra mis sentidos dormidos,
una nostalgia inventada
de un perfume desconocido.
Apenas si tu esencia
arremolina el latido
y presagia un suspiro
de nombres sin pronunciar.
Soledad Lorena
21 de marzo de 2013
Tenía la sensación vagando en mí desde esta mañana, un recuerdo de alguien que aún no conozco y que invadió el aire mientras andaba en bicicleta. Luego pensé en el Día Internacional de la Poesía e imaginé qué bueno sería poder escribir un poema con palabras que jamás hayamos usado. Así nació este poema.
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