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sábado, 19 de febrero de 2022

Poetisa Perdida

 

Lo que alguna vez fue un corazón doliente, cautivo de desamores y abandonos, es ahora una tierra marcada por surcos trazados por la rueda gigante de la vida.  En el centro, un estanque de aguas misteriosas donde florece un loto que nunca envejece. 

Los jazmines y alelíes han migrado en bandadas de pétalos sumisos, sometidos a los vaivenes del destino.

Ya no quedan cobertizos ni graneros desbordados de semillas que sofocan ante mi necesidad de amar.






En algún punto del camino, descubrí que mi desesperada obsesión por amar ‘demasiado’ era un disfraz engañoso para encubrir una carencia insoportablemente dolorosa por ser reconocida, amada y aceptada.

Ya no anhelo que mi nombre habite un corazón desamorado, ni que pueble almohadas con susurros de canela y miel.

No soy el árbol frondoso con un tronco de curvas pronunciadas que lloraba la ausencia de quienes ya no buscaban su sombra ni su abrigo.

Tampoco soy aquella playa solitaria que perdía su mirada en la silueta de barcos que nunca llegaban o en el vuelo de gaviotas que mudaban de cielo.




Había una rara belleza en la poesía escrita con lágrimas de sal, en el trazo padeciente de amores incomprendidos, en la agonía constante de existir en el momento y lugar equivocado; en el beso sostenido y el abrazo contenido; en la piel despoblada de caricias, en la húmeda oscuridad de la profundidad del pozo, en el vértigo tentador del abismo sin nombre, en la herida sangrante como identidad y bandera.

La Mujer Madre es un faro apostado en una península sin coordenadas terrestres, una luz que gira tenue y lentamente solo para recordar las semillas del Amor que alguna vez sembró con tanto ahínco.  Ya no es puerto ni muelle; ya no es nido ni destino; es apenas una plegaria sostenida para que su nombre solo despierte sonrisas y sensaciones de abrazos sin distancia.



La Mujer Amante es una parcela de rosas en capullo; una geografía silvestre jamás colonizada, desheredada de cicatrices, rastros y huellas de nombres ahora desconocidos; es un puñado de polvo de estrellas viajando con el viento; un nombre que solo puede ser suspirado por quien honra el Templo; un beso anónimo en las noches de luna llena; una viajera que no espera barcas ni gaviotas; una peregrina que dibuja su propio camino.



La Niña Perdida ya no llora por los rincones, lamentando su suerte y llamando a los seres azules para que regresen a buscarla.  La Niña Tristeza ha encontrado en su corazón los tesoros dormidos, la Madre que todo lo sana y el talismán que descubre los pasadizos secretos.  La Niña Rechazada ya no esconde sus colores ni sus dones, ni su magia. Ya no camina por las ciudades buscando salvar corazones maltrechos, como deseo ancestral de que alguien de algún modo sanara el suyo.  La Niña Avergonzada ya no esconde su brillo, no baja la mirada, no susurra sus deseos, no maldice sus sueños, no negocia su paz y no deja que nadie mancille sus Alas.



La Mujer Luna abre su corazón a la noche estrellada y escucha los mensajes que el cielo murmura en su corazón.



La Mujer Medicina prepara una tisana con dos hojas de albahaca y unas gotas de limón; y en el cuenco de sus manos bendice las palabras que nos recuerdan sanos.

La Mujer Maga se reconoce hacedora de milagros y puede crear un espacio sagrado entre una parva de escombros y un paisaje de cemento.  Sobre los techos de chapa y los muros imperfectos, el Cielo se extiende vasto y generoso, imperturbable ante la grotesca disposición urbana que confina los cuerpos y adormece las Almas.



La Poetisa que antes escribía se ha perdido; hubo un tiempo en que extrañaba sus poemas, pero invocarla, sería invocar una Mujer lastimada y sedienta de Amor que ya no existe.  La Mujer que ahora escribe es una colección de experiencias, aprendizajes, personajes de mis cuentos y muertes en vida; pero por sobre todo es el reflejo en el espejo, de una mujer nueva, una mujer que se atreve y aprende desde la humildad de haber descubierto que el camino recién empieza.




 

Estoy de pie, desnuda mi alma y mi corazón, las cicatrices bordadas con hilos de seda dorados, rosas y blancos;  las alas en mi espalda se agitan fuertes y desafiantes a pesar de los parches y remiendos después de tantas batallas y caídas; mi pelo se ondula con el viento, con surcos plateados que brillan bajo la luna; no llevo escudos ni armaduras, tampoco una espada; llevo apenas un vestido de gasas tenue y sutil, una amapola en el centro de mi pecho y una corona de rosas en mi cabeza.  Delante de mí, camina el Arcángel Gabriel, a mi derecha el Arcángel Rafael, a mi izquierda el Arcángel Miguel y detrás de mí el Arcángel Uriel; sobre mí vuela y planea una paloma blanca rodeada de los dones del Espíritu Santo; en mis pies descalzos, las sandalias de Jesús; en mi corazón, el Amor de Dios; en mis manos el Rosario Amoroso de la Madre María; en mis ojos, lágrimas de emoción por todo lo que es y por todo lo que puede ser posible en mi vida.

Que Tu Voluntad Divina sea derramada y realizada a través de mí.

Que mis acciones sean Tu Verbo.

Que mis palabras sean Tu Sabiduría.

Que mi Amor sea Tu Amor.

Que Tu Compasión sea la nueva Poesía.

Que Tus Milagros sean las nuevas Historias a contar.

Soledad Lorena© / Tejedora de Palabras

Susannah Lorenzo© / Tejedora de Puentes

 

 


Viernes 18 de febrero de 2022

Mates en la escalera, después de una lectura de Tarot Evolutivo para mí.

Atardecer en San Luis, con mi libreta y un lápiz.

Una mariposa en tonos de naranjas ha revoloteado frente a mí; luego se ha posado en la medianera a la altura de mis ojos, se ha detenido y nos hemos mirado por un instante.  Me ha dejado un mensaje mientras yo escribía y luego ha seguido su viaje.

Debería ejercer mi oficio de escritora todos los días, es una buena idea hacerlo en la escalera, con aire fresco, bajo el cielo inmenso.  Tanto encierro me hace mal y perturba mi mente.

Debería trabajar con las cartas de Tarot cada día, transitar el camino sin expectativas y sin querer controlar el resultado con calendarios y estadísticas.

El camino de la Devoción es así: dedicar el corazón, el hábito, la mente y la intención a transitar el Sendero que Dios nos indica.  Todo lo demás llega por añadidura.

Susie / Susannah / Soledad Lorena



 

viernes, 3 de julio de 2020

Al hombre que me espera con su sonrisa de soles



I Misiva

Perdona la tardanza,
es que me ha llevado tiempo encontrarme
para poder reconocerte.
Tenía que llegar virgen
de miedos y prejuicios
de condenas y destierros.
Anduve perdida buscándote
allí  donde mis carencias
encontraban mares de arena.
Tuve que desandar dolores
y enhebrar rosarios de perdones,
para aprender a celebrar
el hombre sagrado que te habita.
Aprendí a marinar mi piel
en soledades sin tiempo,
para que la sal de tus besos
solo saboree la huella de mi nombre.
Tuve hambre de tu sexo
y maldije los desencuentros,
hasta que en los pliegues sin recuerdo
pude anidar el aliento que fecunda.
Derroché amores
allí donde las piedras
no saben de jardines,
pintaba colores insólitos
allí donde los grises
aseguraban destinos.

A borbotones
regalaba caricias
deseando que algún aprendiz
se aventurara
a rozar mi corazón.

Pintaba graffitis,
escribía poemas,
sembraba botellas
en océanos de humo,
rezaba con premura
y te inventaba en mis cuentos.

Mas tuve que germinar
en la sombra de mis catacumbas,
para reconocerme carcelero
y saber que los cadalsos
eran apenas espejismos
de una niña temerosa
incapaz de dormir en tus brazos.

Me he ahogado en mis ríos subterráneos,
he surcado las heridas
con mis pies descalzos,
y he besado mis cicatrices
con el santo roce
del susurro que cura.



II Manifiesto

Tengo una brújula
que señala nortes
que nadie conoce.
Escribo a contramano
de modas y tendencias,
me subo a la palabra
para navegar cielos
ajenos a los mapas.

Descreo de agoreros y
voy por el sendero 
leyendo pasos y miradas.

Bailo con el viento,
canto con la lluvia
y voy dando saltitos
por los charcos de la vida.

A veces soy gigante
y puedo con casi todo,
otras veces soy pequeña
y me acurruco en un pétalo.

Me divierte inventar 
países  que no existen
poemas que enamoren
y sensaciones que pueblen
el corazón de alelíes.

Tengo un suspiro inaudito
esperando a que tus ojos
colonicen mi latido.



Soledad Lorena©
Tejedora de Palabras 
Experiencia Shakti
03 de julio de 2020
Madrugada









lunes, 21 de octubre de 2019

Reescribiendo a Brunilda

"Cuando Brunilda, la más famosa de las valquirias, decidió desobedecer a su padre Odin/Wotan, para ser fiel a su intuición, el padre la condena a vivir aletargada en un círculo de fuego, en Soledad, hasta que la libere un amor puro "
Texto adaptado del original de Fabiana Daversa
Del libro Mujeres Desobedientes
Capítulo de Brunilda, la preferida del padre


Reescribiendo a Brunilda

Brunilda siente el círculo de fuego acercarse, el sopor del letargo ha devenido en insomnio; su vestido se tienta con las llamas ardientes; no cree en conjuros de caballeros que la salven y el cielo se muestra desafiante, exultante de espacio y promesas de vuelo.

Brunilda respira, compás, ritmo y cadencia; respira con la música de su Alma; respira recorriendo su cuerpo con su aliento divino; respira y los nombres se borran en remolinos de aire.

Brunilda ya no reposa, no espera, no acata, no obedece, no perece.

Brunilda se desnuda y se alza como una amazona, voluptuosa y jugosa.

Brunilda respira, cierra los ojos y despierta. Danza y respira, late y suspira, florece y medita.

Brunilda respira y se ríe. Su risa resuena en los confines y espanta los fantasmas. Su risa susurra sortilegios entre las llamas que juegan a devorarse un vestido que ya no la contiene.

Brunilda se aleja del círculo de humo, ligera y sensual, sutil y audaz. Le crecen rosas en los pechos y jazmines en la cintura; hilos de seda alargan su cabellera y besos de miel dibujan nuevos suspiros.

El mar la invita tenaz y sorprendente. Brunilda no sabe nadar aún, pero acepta el reto y se zambulle.

Brunilda respira y baila, respira y nada, y en la curva de una ola, escribe un poema para construir su primer velero.

Soledad Lorena©
Tejedora de Palabras
Susannah Lorenzo
Tejedora de Puentes
Madrugada
21 de octubre 2019

Gracias a Fabiana Daversa por brindarme un espejo y ayudarme a reconocer las pruebas.
Gracias a Alicia por acompañarme en ese instante donde el fuego era más real que mis alas.


sábado, 3 de diciembre de 2016

¿Quién es Soledad Lorena?







Carromatos
Cada desayuno al amanecer, cada momento en una estación de servicio disfrutando el olor a combustible y el ir y venir de camiones, cada nueva partida, cada ruta por descubrir prometía una aventura diferente.  Sin embargo, al llegar, una nueva rutina se instalaba, un paredón que nos aislaba de cualquier ser extraño porque todo lo desconocido y diferente era un peligro inminente.  No hubo nunca ni telas de colores, ni fogatas a deshora, ni cuentos mágicos, ni danzas ancestrales.  Parecía yo una gitanilla nacida en una tribu de nómades urbanos, ateos de toda religión y arte.
Demasiados desconocidos y ningún lazo.  Demasiadas casas y ningún hogar.  Demasiados sueños y ninguna risa.  Demasiados poemas que ocultar.  Demasiados dibujos que anunciaban que lo divergente se condena.
Ni siquiera la ciudad natal nos reconoce como propios, somos forasteros en cada sitio que intentamos dibujar una raíz.  Lo peor, quizá, fue creer que después de algún aeropuerto, alguna terminal, encontraríamos tal vez, un retazo de cielo, una aldaba latente, un correo inaugurando un destino certero.
Sin embargo,  seguimos caminando, andado y recorriendo, vagando como cuando niña, con los sueños gastados, la esperanza marchita y las manos cansadas de dibujar mapas que el viento nos arranca.
Del otro lado del alambre, un par de camisas blancas nos esperan deseosos de hacer un último intento de volvernos cuerdos y normales.
Del otro lado del vidrio,  tantos insensibles que no comprenden siquiera el sufrir de un corazón desnudo.
De este lado, los despojos, las maletas, los nombres que nadie pronuncia, las lenguas que nadie comprende.
Soledad Lorena
Septiembre 2010
Fragmento del Libro: A Solas


Soledad Lorena es el seudónimo que elegí a mitad de camino entre la niñez y la adolescencia.

Técnicamente es un juego de iniciales, Soledad por Susana, Lorena por Lorenzo; sin embargo Soledad es la sensación que desde la timidez se adueñaba siempre de mis silencios.  Mi hija mayor lleva el nombre Lorena, en honor a mi seudónimo; porque con ella descubrí que la poesía se podía vivir, además de escribir.

A esa soledad infinita que me acompañó desde muy pequeña, primero llegaron los libros que me mostraron otros mundos: El mago de Hoz, Alicia en el País de la Maravillas, Mujercitas y Heidi.  Con los libros yo podía estar donde quisiera y sentirme a salvo, podía juntar mis talones y encontrar mi lugar en el mundo.  Con la lectura llegaron los primeros poemas.  En realidad, la escritura me vestía del coraje necesario para expresar mi sensibilidad y me permitía el tiempo para encontrar la palabra justa. Un sueño, un sentimiento, una verdad callada, un dolor insoportable, una alegría inconfesable o un deseo secreto;  se convertían fácilmente en palabras, versos, estrofas y a veces en prosa.

Mi seudónimo fue en un principio el pasaporte para dejar mi musa en libertad, lejos de prejuicios, condenas y creencias limitantes.  Soledad Lorena podía viajar, vivir donde quisiera, ser feliz a su manera y decir todo lo que sentía a corazón abierto.  Con los años, se convirtió en parte de mi identidad.  Alguna vez alguien me dijo que debía deshacerme de ese seudónimo y ser simplemente la del DNI.  Lo intenté, pero cada vez que firmaba un cuento o un poema, sentía que era como firmar una factura, un presupuesto o una traducción terminada.


"No se puede abordar la cuestión del alma femenina moldeando a la mujer de manera que se adapte a una forma más aceptable según la definición de la cultura que la ignora, y tampoco se puede doblegar a una mujer con el fin de que adopte una configuración intelectualmente aceptable para aquellos que afirman ser los portadores exclusivos del conocimiento."
Clarissa Pinkola Estés
Mujeres que corren con los lobos


He aprendido a respetar y  honrar cada uno de los talentos que vinieron conmigo a esta vida. Soy un todo, un alma con colores y sonidos que muy pocos pueden ver. Soy Susana Lorenzo, profesora y traductora de inglés, locutora y productora radial, con múltiples aptitudes y experiencias laborales que van desde secretaria ejecutiva a coordinadora de proyectos.  Soy Susana, madre, abuela, hija y hermana.  Pero también puedo ser Susie la cocinera creativa o la tejedora de mantitas que alivian las mañas de los más pequeños.  También puedo ser Meherdeep Kaur (mi nombre espiritual), cuando me conecto con mi esencia y la luz de mi alma para conectarme con tu esencia y la luz de tu alma.  Puedo tejer, cocinar, desarrollar un proyecto, traducir, enseñar, coordinar talleres o hacer meditaciones en movimiento.  Pero cuando escribo, cuando mi musa se apodera de mis sentidos y me dicta versos o historias que antes no existían, entonces, soy Soledad Lorena.

3 de diciembre de 2016