
En una mamushka de mi cuarto

Una busca un espejo
fachada imposible
de espectros y verdades,
se confunde con el ruido
y juzga desde el nombre
que viste nuestros miedos.
Pero si cierro los ojos
y guardo en el cuenco
de mi mano tu piel,
basta un minuto de silencio
para saberte entero,
y basta un día de tu ausencia
para añorar lo que no llega.
“Disguise” es una palabra que me gusta más en inglés que en castellano, será que cada lengua tiene palabras que no pueden traducirse con el peso, el sonido y el significado justo. Porque si yo digo “disfraz” suena a carnaval, suena a fiesta, a chaya y a alguna extraña forma de burla.

Así vamos por la vida con nuestras máscaras, fingiendo que todo está bien, fingiendo que estamos al mando y que todo, absolutamente todo está bajo control. Porque aquellos cuya sensibilidad es ínfima, aquellos que han tenido una vida relativamente normal, creen que aquí de esta lado, no estamos bien porque no queremos. Y aquellos que son incapaces de ver en el corazón ajeno piensan que deberíamos ser objeto de algún estudio psiquiátrico, de algún trámite de internación en una clínica que nos volviera más normal. Vamos con el “disguise” porque ya no queremos explicar cómo se siente, ya no intentamos justificar porque duele tanto.
Y uno por las dudas va haciendo el intento, de parecer normal, de no dejar que las emociones nos rebelen o revelen. Anestesiamos, dormimos, escondemos, exiliamos, fingimos, olvidamos, archivamos. Entonces, de repente, el altillo, el sótano o la tumba nos desequilibran, porque el peso de lo sepultado es infinitamente mayor a lo que hay al descubierto, al aire libre, visible y tangible.
Basta un par de lágrimas mínimas, dolorosas, de sal, para recordarnos que en un río subterráneo hay un llanto contenido, una docena de gritos de impotencia y dolor. Basta un corazón perturbado en las noches, por pesadillas que nada saben de nuestro latido, para comprender que la emoción se ha vuelto rancia y oscura, ajena e incomprensible.
Invisible, imperceptible, imperturbable, ya no brillamos, ya no somos, ya no vivimos. Simplemente nos echamos a esperar la muerte que llegue como un manto oscuro, como un olvido eterno, como un silencio largo y calmo.
Que el talismán se deshaga
En una tormenta de arena,
Que no queden cenizas
Ni eco, ni escombros.
Deshago mis conjuros de amor,
Silencio los murmullos
Olvido lenguas sagradas
Para pedirle al destino
Que borre mi nombre
De las hojas de tu vida.
Que ya no encuentres mi rumbo
Que no sepas mi camino
Que tu aliento no agite
Colores que me evoquen.
Que el viento lleve lejos
La bandera de un país
Que hace rato no existe,
Que cada paso se aparte
De un tiempo que no vuelve.
Que no me sueñes ni pienses,
Y que en un asalto de cordura
Un día por fin te preguntes
Si en verdad me conociste.

Cobardes inquilinos del desaire
Golpean a la puerta
Llaman a los magos
Apuestan talismanes
Y juntan los talones.
Mas cuando el portal
Muestra su dimensión
Desconocen hasta su nombre
Y maldicen al destino.
O quizá sea yo, disparatada
Que no puedo desnudar mi piel
Si mi corazón no late.
Claro… ingenua y sensible
No supe descubrir
Que buscabas simplemente
Un hueco donde escupir.
El silencio y el desaire
Lapidan la vertiente.
El simún es un recuerdo,
Un espejismo, un delirio.
Tengo algo dando vueltas hace rato, pero me privé de publicarlo en mi blog, porque no es poesía. Sin embargo anoche recordé el libro de Octavio Paz, “La llama doble” (un libro que recomiendo leer), y me dije, ya es hora. Porque a veces uno no sabe a ciencia cierta si existe la posibilidad de que la libre expresión logre cambiar la realidad, pero en el fondo todo escritor sueña con que las palabras funcionen como un conjuro.
Dice entonces Octavio Paz en su libro:
“La poesía nos hace tocar lo impalpable y escuchar la marea del silencio cubriendo un paisaje devastado por el insomnio. El testimonio poético nos revela otro mundo dentro de este mundo, el mundo otro que es este mundo. Los
sentidos sin perder sus poderes, se convierten en servidores de la imaginación y nos hacen oír lo inaudito y ver lo imperceptible.”
“La relación entre erotismo y poesía es tal que puede decirse, sin afectación, que el primero es una poética corporal y que la segunda es una erótica verbal. (…) El lenguaje es capaz de dar nombre a lo más fugitivo y evanescente: la sensación; a su vez, el erotismo no es mera sexualidad animal: es ceremonia, representación. El erotismo es sexualidad transfigurada: metáfora.”
Claro, eso me pasa por pensar y sentir como Octavio Paz o como Oliverio Girondo: “Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender la seducción de una mujer pedestre, y por más empeño que ponga en concebirlo, no me es posible ni tan siquiera imaginar que pueda hacerse el amor más que volando.” (fragmento de Espantapájaros I – Oliverio Girondo). Entonces uno busca esa poesía cotidiana, uno busca encontrar un hombre que no sea tan pedestre y que juegue el juego de la seducción.
Volviendo a la realidad pedestre, uno siente que las exigencias son cada vez mayores, los hombres sueñan conquistar mujeres que denominan un “minón”, que están re-buenas y que están lejos de “naturalmente bella”. Es decir todo eso que sale a la calle y los hace ratonearse, es el resultado de un trabajo intenso y diario: cuidado del pelo, depilación, maquillaje (aunque se vea natural), ropa adecuada para resaltar los atributos naturales, cuidado de la piel, gimnasio (para mantener cada cosa turgente en su lugar) y algunas otras cosas más. Incluso cuando las mujeres vamos a trabajar, nuestras pares o nuestros superiores consideran que estamos deprimidas o no damos buena imagen sino aparecemos con toda esta producción. La cara lavada de verdad, la pilcha dos talles más grandes y el pelo así como me levanté, no le vende ni al vecino, ni al compañero de trabajo, ni al jefe, ni al hombre que nos gusta.
Sin embargo, ellos, están en una etapa rara, el lema es “lo esencial es invisible a los ojos” y se lo toman muy en serio, pero obviamente para ellos. Entonces, pretenden conquistarte o voltearte (ni hablemos de juegos de seducción), con varios quilos de más, un flotador o una panza que en nosotros no quieren ver; el pelo onda nunca tengo tiempo para la peluquería y estoy rebelde; en el atuendo llevan lo primero que encontraron o la remera de la que son fanáticos, y tienen una aversión fatal al desodorante, el perfume o cualquier cosa que les quite su olor natural de macho después del partido de futbol. Y como si esto fuera poco, y por el mismo precio, están confundidos, no saben bien lo que quieren y por supuesto nada de involucrarse, no vaya a ser que pierdan su “libertad”.
Claro, si uno es de esas que andan buscando la poética corporal, algo de buena seducción, esmero en el arreglo personal y un mínimo de contenido cerebral para poder mantener una conversación fuera y dentro de la cama, termina encerrándose a ver una peli, juntándose con las amigas para ver quién conoció al espécimen más cavernícola y los tipos empiezan a decir: “algo le pasa a esta mina, algo debe tener que está sola.”Tampoco es que uno sea tan exigente, pienso por ejemplo en los animales, ¿acaso el pavo real no tiene la hermosa cola para seducir a su hembra? ¿Acaso el pingüino no busca por toda la costa el mejor guijarro para regalarle a su hembra? ¿Acaso algunos pájaros no cantan su mejor melodía para seducir a la hembra elegida? A lo mejor es que vi muchas películas románticas, a lo mejor es que la poesía ya no está de moda. Y entonces ellos piensan que lo mejor que tienen para ofrecerte es su sueño de ser como Homero Simpson y el amigo que tienen entre las piernas.
¿Qué les pasa a los hombres?Implacable el Simún
despoja de arenas
las venas abiertas
de la tierra dormida.
Arroyos latentes
que vuelven a la vida
sin encontrar su cauce.

En un instante
el agua ya no para,
el cielo provoca
un latido que no espera.
Entre el Simún y la oleada
un talismán con tu nombre.
Soledad Lorena
26 de julio de 2009
Nota: Un simún (en árabe samûn, de samm "viento venenoso") es un temporal fuerte, cálido y seco de viento y arena, que sopla en el Sahara, Palestina, Jordania, Siria, y los desiertos de Arabia. Su temperatura puede sobrepasar los 54°C, con una humedad por debajo del 10%.
La tormenta se mueve en forma súbita y circular (como un ciclón), transportando nubes de polvo y arena, lo que produce en personas y animales un efecto de asfixia e hipertermia. Esto se atribuye al hecho de que el viento cálido provee más calor al cuerpo del que puede ser evacuado por éste mediante la evaporación del sudor. Un simún se desarrolla rápidamente y sin señales que prevean su aparición, aunque su temporada más propicia es entre mediados de junio y mediados de agosto. Dentro de estas fechas, los simunes se presentan con silbidos violentos, y la arena en suspensión tiñe de anaranjado la nube que se desplaza a gran velocidad, y matando a cualquier ser vivo que alcancen sus ráfagas. (Fuente: Wikipedia)
¿Quién me robado el mes de abril? Pregunta Joaquín Sabina en una canción, por su primavera perdida. Claro, porque en el hemisferio norte, la primavera comienza en ese mes… Entonces, ¿qué sucede cuando el corazón o quizá el alma ha perdido su norte? Cuando no sabe do va o do camina… Varada en un largo invierno, los pájaros extraviados olvidan cambiar la estación y el sol se apoltrona y se cansa de esperar su hora. No hay hemisferio ni latitud, es una dimensión sin coordenadas donde la vida hiberna hasta que un destello, por fin, como en un sueño, acomoda todo en su sitio.
¿Sabe la rama
que el viento la arroja
hacia un vacío
que proyecta su muerte?
¿Acaso alguien se percata
cuando en brusca caída
la rama del árbol
para siempre separa?
El árbol tendrá otra vez
su fiesta en primavera,
la rama simplemente
será un dejo de materia,
partícula indecente y anónima
de un puñado de suelo.




Sobre el escritorio, un par de borradores, un personaje que aguarda ser leído para cobrar vida y volverse eterno e invencible.
Sobre la silla, una ruana gastada, un vestido vacío y unas flores marchitas.
Desde la ventana, un Dios que escribe y desescribe, que borra y garabatea, que dibuja e inventa, que prueba los límites, que mueve las cruces como ajedrez de pasiones.
En los titulares y en los chismes, una injuria, un desatino, fabulaciones y condenas.
La Paz no estará en mi Nombre, sino en mi Verdad.