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viernes, 4 de septiembre de 2009

9 de cada 10


Sobre Mujeres y Relaciones

Seguramente, le va mejor a las mujeres que no dicen toda la verdad, a las que esgrimen estrategias y analizan cada paso como felino al acecho. Las que no dicen todo lo que sienten o no sienten todo lo que dicen, pero que en definitiva negocian la entrega de su amor en cuotas para asegurar la presa de turno.

También le va mejor a las mujeres monofásicas, que sólo pueden hacer una cosa bien, digamos mejor, cumplir un solo rol. Las abnegadas, de buena imagen, maternales y que cumplen con los cánones sociales son siempre las esposas ideales (no importa si son frígidas, o tienen fantasías con un actor, o tienen una aventura con su profesor de aerobics o retoman sus estudios para tener nuevas experiencias, o les “duele la cabeza” cinco de cada siete días).

Las fogosas, apasionadas, mimosas, y capaces de hacer volar a un hombre (como dice Girondo, sólo puedo hacer el amor mas que volando), esas, son las mejores amantes, relegadas a un puesto en el banco de suplentes de por vida, quizá porque si jugaran de titular, 9 de cada 10 hombres no sobreviviría al ritmo (o su orgullo no lo aceptaría) de amanecer cada día con besos y hacer el amor más de 7 veces por semana (dije hacer el amor, no tener sexo); porque no hay nada como las siestas, los imprevistos y las mañanas, amen de la seducción de todo un día florecida en un vuelo nocturno.

Las inteligentes, prácticas, ejecutivas, capaces de tener su propia caja de herramientas, de manejar toda una empresa o negociar el mejor contrato; son las que ocupan el lugar de las profesionales, tildadas de híbridas o demasiado masculinas, ideales como co-equiper o socia de negocios (si el hombre es lo suficientemente inteligente), pero no como compañera de vida. Convengamos que 9 de cada 10 prefieren una mujer que no piense.

Están las otras, las sensibles artistas que cansadas de probar tanto hombre hueco, terminan compartiendo experiencias entre ellas. Hay otras, pero con los 3 primeros modelos se definen los grupos más comunes de mujeres y por deducción o resultado un sólo grupo de hombres (9 de cada 10) que mantiene contacto con los 3 grupos y se "abastece” de lo que le viene bien de cada una.

Ahora bien, si se cruza con una mujer multifacética, o mejor dicho que trabaje en varias fases (trifásica como mínimo), un detector lo alerta, se refugia en el más moderno bunker antiatómico y guarda la suficiente distancia para no enamorarse ni comprometerse. Porque encontrarse con alguien que cumpla todos sus sueños, cubra todas sus necesidades y hasta haga realidad sus fantasías (y mantenerla a su lado), implica: entrega, coherencia, verdad, trabajo constante consigo mismo y cuidados continuos para con la relación. Siempre digo que las relaciones afectivas, con quienquiera que sea (pareja, hijos, amigos), son como un jardín y que el acto de amar es como la Ceremonia del Té.

Demasiado trabajo (para 9 de cada 10), es mejor quejarse de lo que uno no tiene que trabajar por lo que se quiere; es mejor emparchar el ventanal con retazos de diferentes colores y texturas, que cambiar por un cristal completo que permita una visión entera y diáfana del adentro y del afuera, del otro y del yo.

Todo para justificar o hacer comprensible un pensamiento que dista del que tienen 9 de cada 10.

Soledad Lorena

Febrero 2004

jueves, 30 de julio de 2009

¿Qué le pasa a los hombres?


Tengo algo dando vueltas hace rato, pero me privé de publicarlo en mi blog, porque no es poesía. Sin embargo anoche recordé el libro de Octavio Paz, “La llama doble” (un libro que recomiendo leer), y me dije, ya es hora. Porque a veces uno no sabe a ciencia cierta si existe la posibilidad de que la libre expresión logre cambiar la realidad, pero en el fondo todo escritor sueña con que las palabras funcionen como un conjuro.

Dice entonces Octavio Paz en su libro:

“La poesía nos hace tocar lo impalpable y escuchar la marea del silencio cubriendo un paisaje devastado por el insomnio. El testimonio poético nos revela otro mundo dentro de este mundo, el mundo otro que es este mundo. Los

sentidos sin perder sus poderes, se convierten en servidores de la imaginación y nos hacen oír lo inaudito y ver lo imperceptible.”

“La relación entre erotismo y poesía es tal que puede decirse, sin afectación, que el primero es una poética corporal y que la segunda es una erótica verbal. (…) El lenguaje es capaz de dar nombre a lo más fugitivo y evanescente: la sensación; a su vez, el erotismo no es mera sexualidad animal: es ceremonia, representación. El erotismo es sexualidad transfigurada: metáfora.”

Claro, eso me pasa por pensar y sentir como Octavio Paz o como Oliverio Girondo: “Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender la seducción de una mujer pedestre, y por más empeño que ponga en concebirlo, no me es posible ni tan siquiera imaginar que pueda hacerse el amor más que volando.” (fragmento de Espantapájaros I – Oliverio Girondo). Entonces uno busca esa poesía cotidiana, uno busca encontrar un hombre que no sea tan pedestre y que juegue el juego de la seducción.

Volviendo a la realidad pedestre, uno siente que las exigencias son cada vez mayores, los hombres sueñan conquistar mujeres que denominan un “minón”, que están re-buenas y que están lejos de “naturalmente bella”. Es decir todo eso que sale a la calle y los hace ratonearse, es el resultado de un trabajo intenso y diario: cuidado del pelo, depilación, maquillaje (aunque se vea natural), ropa adecuada para resaltar los atributos naturales, cuidado de la piel, gimnasio (para mantener cada cosa turgente en su lugar) y algunas otras cosas más. Incluso cuando las mujeres vamos a trabajar, nuestras pares o nuestros superiores consideran que estamos deprimidas o no damos buena imagen sino aparecemos con toda esta producción. La cara lavada de verdad, la pilcha dos talles más grandes y el pelo así como me levanté, no le vende ni al vecino, ni al compañero de trabajo, ni al jefe, ni al hombre que nos gusta.

Sin embargo, ellos, están en una etapa rara, el lema es “lo esencial es invisible a los ojos” y se lo toman muy en serio, pero obviamente para ellos. Entonces, pretenden conquistarte o voltearte (ni hablemos de juegos de seducción), con varios quilos de más, un flotador o una panza que en nosotros no quieren ver; el pelo onda nunca tengo tiempo para la peluquería y estoy rebelde; en el atuendo llevan lo primero que encontraron o la remera de la que son fanáticos, y tienen una aversión fatal al desodorante, el perfume o cualquier cosa que les quite su olor natural de macho después del partido de futbol. Y como si esto fuera poco, y por el mismo precio, están confundidos, no saben bien lo que quieren y por supuesto nada de involucrarse, no vaya a ser que pierdan su “libertad”.

Claro, si uno es de esas que andan buscando la poética corporal, algo de buena seducción, esmero en el arreglo personal y un mínimo de contenido cerebral para poder mantener una conversación fuera y dentro de la cama, termina encerrándose a ver una peli, juntándose con las amigas para ver quién conoció al espécimen más cavernícola y los tipos empiezan a decir: “algo le pasa a esta mina, algo debe tener que está sola.”

Tampoco es que uno sea tan exigente, pienso por ejemplo en los animales, ¿acaso el pavo real no tiene la hermosa cola para seducir a su hembra? ¿Acaso el pingüino no busca por toda la costa el mejor guijarro para regalarle a su hembra? ¿Acaso algunos pájaros no cantan su mejor melodía para seducir a la hembra elegida? A lo mejor es que vi muchas películas románticas, a lo mejor es que la poesía ya no está de moda. Y entonces ellos piensan que lo mejor que tienen para ofrecerte es su sueño de ser como Homero Simpson y el amigo que tienen entre las piernas.

¿Qué les pasa a los hombres?