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viernes, 25 de agosto de 2023

Tejedora de Puentes

 


Yo vengo de mundos destejidos

y madejas enredadas,

de historias silenciadas

y palabras vedadas.

 

Por eso, yo con versos

puedo dibujar un puente

o puedo sólo tejerlo

con cuentas y un ovillo,

con un rezo tejo cielos

y con un deseo tejo magia.

 

Crecí en un bosque de ausencias

por eso tejo abrazos

con abalorios y bufandas;

heredé los amargos rosarios

de un dios que sólo castiga,

por eso mis cuerdas de oración

rezan perdones y sonrisas.

 

En un océano de agoreros

yo busco el silencio

donde Dios bendice,

y la gota que puebla

los mares de esperanza.

 

Soledad Lorena© / Tejedora de Palabras

Susannah Lorenzo © / Tejedora de Puentes

25 de agosto de 2023

 

Puedes escuchar el poema en este vídeo.




viernes, 7 de febrero de 2020

Historias Prestadas - Cuadernos

Cuadernos

Bubu Mara

Bubu había aceptado que Candelaria estaría fuera de su vida por un buen tiempo. Al principio le causaba una tristeza que se le metía en los huesos y tejía nudos en su corazón. Luego comprendió que no debía interferir. La encomendó a la Virgen, rezó por ella y continuó viviendo como si no doliera, como si aquel lazo que las unía hubiera sido sólo un espejismo.

Sin embargo, el subconsciente nos muestra en sueños lo que nuestro corazón no sana o aquellas emociones que intentamos controlar desde nuestra mente.

Esa nieta que alguna vez le había pedido con lágrimas en los ojos que se convirtiera en su mamá, ahora estaba de rehén entre fuegos cruzados y guerras familiares que la tenían como víctima y escudo.

A veces la niña se le aparecía en sueños llorando o intentando acercarse entre regaños y prohibiciones de su madre. Entonces el despertar era amargo y los nudos en su corazón parecían tejidos con las mismas penas de Candelaria.

En otras ocasiones, soñaba que salían juntas, se la encontraba casualmente en la calle o su madre la traía de visita. Las sensaciones eran reales y el instante compartido desaparecía fugaz con el sol de la mañana.

Decidió entonces comprar un cuaderno de tapas duras y forrarlo con una tela de estampado delicado en flores color lavanda.
Comenzó a escribir en tiempo real como si cada encuentro hubiera sucedido en la dimensión visible y tangible donde nos movemos durante el día.

Miércoles 06 de febrero de 2020 
La encontré en la peatonal de camino a hacer unos trámites en el banco. Apenas me vio, sonrió con chispas en los ojos, dudó y miró hacia donde su madre estaba con sus hermanos. Le sonreí y abrí los brazos para invitarla al encuentro, entonces no pudo evitarlo y se acercó con sus mejillas rosadas por la emoción.
Antes de que nos separaran, le susurré al oído, como siempre: “No olvides que pase lo que pase, siempre te amo y siempre seré tu Bubu y tu Hada Madrina.”
Está tan alta, ha cambiado. No supo qué decir, quizá la hayan convencido de que estoy fuera de su vida porque mi corazón nada siente por ella. 
Aún puedo sentir su cabello en mis labios.
Gracias Señor



Candelaria

-- Mamá, ¿me compras un cuaderno de princesas con tapas duras? Quiero hacer dibujos y escribir canciones.

Cada vez que tenía miedo por las noches, miraba su Atrapa Sueños y le rogaba al Ángel pintado sobre la pared, que las pesadillas se fueran y que pudieran mudarse a una casa donde ella durmiera sola en una habitación con paredes rosas y perfume de flores en la cama y en el ropero.

Su primer dibujo en el cuaderno, fue justamente esa habitación que ella imaginaba y anhelaba con el corazón. Cuidó cada detalle, conservando el Atrapa Sueños sobre su cama, la manta tejida a crochet de cuando era bebé en los pies de su cama y un Ángel con alas brillantes custodiando sus sueños desde la pared.

Tenía nuevas abuelas postizas ahora y no se permitía en la casa, hablar de Bubu Mara, por muchas razones que no entendía; su mamá había dicho que era mala persona y los había abandonado porque no sentía una gota de amor.

A veces le creía, ¿por qué si Bubu la amaba como había dicho, no llamaba o simplemente aparecía golpeando la puerta? Tenían pendiente una tarde con tazas de té y charlas sin testigos. Pero eso nunca había pasado, ni siquiera cuando Bubu era bienvenida.
Otros días quería escribirle una carta, dibujarle una princesa y fabricarle un castillo donde pudieran compartir tardes de té, bailes con vestidos preciosos y aprender esas cosas que sólo enseñan las Hadas Madrinas.

Cuando su mamá le preguntó por los dibujos del cuaderno, le respondió que estaba haciendo un cuento, que primero haría todas las ilustraciones y luego comenzaría a escribir la historia. Si alguno de sus hermanos le preguntaba por sus cuentos, ella inventaba cada vez, una versión distinta. Sólo en su corazón, guardaba secretamente el nombre verdadero de cada personaje. Su
mamá estaba muy ocupada para darse cuenta y sus abuelas postizas sólo veían novelas y jamás compartían historias mágicas. Su cuaderno era un puente que sólo ella y su Bubu podrían comprender.

A medida que dibujaba, comenzó a cambiar las pesadillas por sueños de colores y en las noches, se encontraba con Bubu Mara en diferentes lugares: comían helado, tomaban el té, paseaban por la plaza o iban juntas al cine.

Sólo entonces, escribía algunas oraciones para recordar el sueño.

06 febrero
La Reina del castillo ha organizado una fiesta, las princesas preparan masitas para la hora del té y dicen que un carruaje trae una visitante misteriosa de las tierras más allá de las montañas.




Cuadernos

Cuando Candelaria cumplió 15 años, un mensajero le entregó una caja preciosa, forrada con papel de seda y coronada con un moño de color violeta. A medida que abría la caja, un aroma a flores llenaba su cuarto de paredes color rosa. Nueve cuadernos de tapas duras prolijamente forrados con tela estampada de color lavanda arrebolaban sus mejillas y le hacían cosquillas en el corazón.

Cada cuaderno estaba identificado con una carátula que indicaba el año cuando había sido escrito y tenía dibujado un mandala, que cambiaba de colores y diseño según el ciclo al que correspondía.

Al final de cada cuaderno, la última hoja tenía un mandala sin colorear.

Mientras leía las anotaciones, los recuerdos y las emociones se agolpaban en su mente como una película que no tenía ni principio ni final. Contó los cuadernos, había un cuaderno por cada año que ella y Bubu Mara habían estado distanciadas.

Parecían sueños o pequeñas historias, quizá deseos o encuentros imaginarios. Sin embargo, algunos le resultaban demasiado familiares.

Buscó en el fondo del ropero sus cuadernos de princesas envueltos en la vieja manta de crochet.

Ella no había sido tan cuidadosa en indicar el año de las anotaciones, pero conocía perfectamente el orden de los cuadernos y los pasadizos secretos en los dibujos. Nunca había cumplido su promesa de escribir la historia que explicara las ilustraciones, ella no lo necesitaba. Cuando la Reina tomaba helado en el castillo, Bubu había contado un encuentro en una heladería. Cuando la Reina esperaba una visitante misteriosa, Bubu había descripto un encuentro casual en la calle.

Candelaria podía recordar esos abrazos nocturnos, esos sueños cuando sentía un roce dulce en la mejilla o esos instantes en que el Atrapa Sueños parecía agitarse como si los ángeles bailaran.

En el fondo de la caja encontró una nota escrita a mano con una caligrafía que no podía olvidar.

Siempre te espero.
Siempre te cuido.
Siempre te rezo.
Siempre te siento.
Siempre te bendigo.
Siempre te pienso.
Siempre te sueño.
Si algún día quieres, éste es mi número de celular:
La característica es de la ciudad donde nací.
El primer número es como el primer número de tu DNI, el segundo número es el quinto número de tu documento, el tercer número es el día de tu cumpleaños, el cuartó numero es el mes de tu nacimiento, el quinto número es el cuarto y último número de tu DNI, el sexto número es como el quinto número de tu documento, y el último número de mi celular es como el tercer número de tu DNI.
Mi corazón, mi amor, mis plegarias y mis bendiciones, te han acompañado todos estos años y están volcados en este cuaderno. Tú 
eliges cómo pintar el mandala que cierra cada año sin ti.
Bubu Mara

©Soledad Lorena
Tejedora de Palabras
Susannah Lorenzo
Tejedora de Puentes
Derechos Reservados



Historias Prestadas
Cuentos Terapéuticos
Tomo II
Susannah Lorenzo
Tejedora de Puentes
Soledad Lorena
Tejedora de Palabras
© Todos los derechos reservados
Madrina de Historias Prestadas
Carolina de Rivas
Merlo, San Luis, Argentina




lunes, 15 de julio de 2019

Mapa


La Historia de Carolina

Mila amaba ese mapa planisferio.  Le permitía recordar los nombres de ciudades y países que alguna vez había visitado; ríos, océanos y mares también.  Imaginaba los animales y plantas que habitaban cada punto de ese mapa, los mismos seres que ella descubría en encicopledías y luego en canales de YouTube, gracias a sus nietos.

Aunque Mila, ya no está visible en este mundo, su nieta Carolina disfruta del mapa en la casa de su madre.  Por eso, cuando la autora de Cuentos Terapéuticos, le pidió una imagen con el libro que había ganado en un sorteo, Carolina decidió que el mejor sitio de la casa para una foto, era junto al planisferio de la abuela Mila.



Carolina había conocido a Sazul en una de las Posadas de Merlo, San Luis, cuando el año 2019 recién comenzaba, gracias a un reemplazo temporal por las fiestas.  Las dos habían coincidido bajo el augurio del nuevo año, el tarot, los geranios, los viajeros de paso y las despedidas.  

Ambas aceptaron ese puente inexplicable que la Posada les había tendido y decidieron mantenerlo en el tiempo y la distancia.

Las lecturas de Tarot Evolutivo y las publicaciones de Puentes Literarios, fueron la excusa perfecta para cuidar de esa semilla que el inicio de año les había regalado.

En cada sorteo que Carolina participaba, el Universo le recordaba que su camino recorría los senderos de la magia y talismanes olvidados.  

En el invierno, cuando ganó uno de los ejemplares de Cuentos Terapéuticos, no estaba segura cómo podría hacerse cargo de los gastos de envío.  Sin embargo, algo en su corazón latía intensamente y no podía negarse al regalo.  Si el Universo la premiaba con obsequios inesperados, había que simplemente aceptar.  

El desanimo por la falta de dinero y trabajo eran sombras que se cruzaban en los mensajes que intercambiaba con Sazul, mientras analizaban posibilidades de envío.  Cuando Sazul armó el paquete con el libro y una carta escrita desde el corazón, Carolina aún no tenía el dinero para retirarlo.  Lo envío de todos modos, porque cada vez que hacía un sorteo, encomendaba a Dios y el Universo la elección de los ganadores.  Si Dios había elegido a Carolina, Él tendría sus propios planes.

Mientras el paquete comenzaba su viaje, Carolina recibía una llamada de la Posada para cubrir un turno de reemplazo el fin de semana largo.

En menos de una semana, todo se había resuelto, Carolina tenía su libro, una temporada de trabajo y los talismanes volvían a guiñar su luz, en medio de la incertidumbre.

Cuando vio su foto con el libro publicada en Puentes Literarios, algo le llamó la atención del mapa.  La calidad de la imagen no le permitía definir que era aquello que la atraía desde el  planisferio: pequeños puntos o marcas debajo de los nombres de algunos países.  De algún modo, al pararse delante del mapa, ella misma había quedado situada sobre el Océano Atlántico, entre América y Europa.

Estuvo todo el fin de semana largo con las preguntas en su cabeza, sin poder hacer tiempo para visitar a su madre y mirar detenidamente el mapa.  Los turnos en la Posada eran intensos y además la habían llamado para cantar en un par de eventos.  Estaba agotada, pero amaba cantar; cuando lo hacía, sentía que volaba con su voz y la música le llenaba el cuerpo de colores nuevos.

Algunos días más tarde llegó a casa de su madre con la excusa de tomar unos mates; no se atrevía a mencionar lo que había sentido mientras miraba la foto, quizá era sólo una ilusión óptica o la distorsión digital de la imagen.

Las marcas estaban en diferentes países y continentes, pero eran ilegibles a simple vista.  Recordó que Mila guardaba una lupa entre sus cosas.  Buscó entre las cajas archivadas y los recuerdos de su abuela: no sólo estaba la lupa, también había una bitacora gastada con anotaciones en tinta china; la misma tinta que se había usado para el mapa.

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En la Villa de Merlo, nadie sabe muy bien qué pasó con Carolina y el mapa de la abuela Mila.  Muchos dicen que la vieron subir a un colectivo con varias mochilas, un viejo planisferio de escuela enrollado y atado con una cinta de seda y en su mano, un pasaporte  y una bitacora envejecida.

Su mamá recibe cada tanto postales de lugares fantásticos, publicaciones de presentaciones musicales en pueblos mágicos y reseñas de eventos donde Carolina deslumbra con su voz.

Sazul recibe fotos de cada lugar donde las cartas del Tarot invitan a Carolina a conocer personas fantásticas; historias de talleres donde la danza, la voz y las cartas tejen días soledados para personas dormidas y una foto por cada puente que cruza en alguna ciudad o pueblo al otro lado del mundo.

Soledad Lorena
Tejedora de Palabras
© Derechos Reservados
Con el consentimiento de Carolina
y en memoria de la Abuela Mila.



Historias Prestadas
Cuentos Terapéuticos
Tomo II

Susannah Lorenzo
Tejedora de Puentes
Soledad Lorena
Tejedora de Palabras
© Todos los derechos reservados

Madrina de Historias Prestadas
Carolina de Rivas
Merlo, San Luis, Argentina


Si quieres sumarte a la convocatoria y participar del libro, puedes encontrar las condiciones en este enlace.

Si quieres auspiciar el nuevo libro de Cuentos Terapéuticos / Historias Prestadas, puedes hacerlo desde aquí.





domingo, 7 de julio de 2019

Convocatoria


Si quieres conocer las condiciones y características de esta convocatoria, por favor visita el siguiente Enlace de mi página web.

Gracias
Nos leemos.
Susannah Lorenzo
Tejedora de Puentes
Soledad Lorena
Tejedora de Palabras