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lunes, 13 de marzo de 2023

Permeable

Tormentas, huracanes, vendavales, sudestadas, monzones y tsunamis de la vida que arrecian con toda la certidumbre y descolocan nuestra estabilidad, hasta dejarnos abatidos, abrumados y aturdidos.

De repente, nada es claramente visible en el horizonte; no hay calma aparente a nuestro alrededor y nuestros centros de alerta nos mantienen en vilo y en un estado de defensa constante.

No queda más que replegar las velas, detener la marcha, proteger los pertrechos, sostener el latido, soltar los suspiros, demorar los mapas y contener las urgencias.


Art: Ania Tomicka

Quizá haya que ser como el bambú, doblegándose en el viento; o como la hojarasca que descubre nuevos destinos cuando las tormentas arrebatan su siesta.  Tal vez, haya que refugiarse en una cueva de amatista, en una trinchera bajo la tierra húmeda o hacerse un ovillo bajo una hoja de palma.  De cualquier manera, hay que dejarse traspasar por la energía de los relámpagos y truenos para que nada se detenga y permanezca en nosotros; sino que solamente nos transforme, para despertar una nueva mirada desde el amanecer que siempre llega.

Soledad Lorena© / Tejedora de Palabras

Susannah Lorenzo© / Tejedora de Puentes

Madrugada, 13 de marzo de 2023

 Para escuchar y reflexionar: La sabiduría de las tormentas

 

lunes, 10 de marzo de 2014

Borde

Hay una cornisa
que deviene en cuerda floja
donde sólo se camina descalza,
donde el horizonte se esfuma
y el tiempo es incierto.

Como en el filo de una espada
todo y nada es posible,
pararme frente al espejo
y desafiar la navaja
hasta verme como un monje;
inaugurar una pipa
con aromas desconocidos
que me rapten del presente
y aspirar las penas 
que se mecen en el viento;
desafiar la muerte
que aprendí a respirar
y vivir a pleno
sin importar el qué dirán;
subirme a mis zapatos rojos
y bailar con vestidos de gasa
o simplemente
tatuarme la esperanza
donde vivían cicatrices.

Sin embargo el borde
nos recuerda el cansancio
y tienta el trampolín
para lanzarnos en caída libre,
nos anima a cruzar el portal
y deshacernos en cenizas,
juega ruleta con la cordura
y entretiene las pesadillas,
hace tratos con los relojes
disimula los alambrados
y proyecta espejismos
en las rutas que nadie transita.

En ese breve instante
los cobardes se alinean
y marchan a paso seguro,
los valientes en cambio
desnudan el coraje
para cruzar a nado
el océano del dolor.

Unos despiertan santos,
unos amanecen sabios,
otros se declaran locos
y otros sencillamente
emprenden el vuelo.

Soledad Lorena
09/10 de marzo de 2014