Latidos tropicales
encienden en secreto
los pliegues dormidos,
inquietos hacen eco
en el bullicio perdido
de atlantes deambulantes.
Por momentos se escapa
como fragancia dulce
que nada sabe de arrugas,
se esparce y se esfuma
y anida en el instinto
del que ignora los roces.
El amazonas ruge
con un bramido callado,
la montaña sucumbe
y la nieve es apenas
un refugio de miedos.
Soledad Lorena
Madrugada 6 de octubre 2017
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